Ministerio del Usuario
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19. Nada es simple

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“SIMPLE” ES UNA DEFINICIÓN QUE no permite trabajar metódicamente.

Es decir: ¿Qué es un producto “simple”?

Es un atributo subjetivo. Cada persona tiene su propia definición de qué es “simple”.

Los clientes demandan: “Quiero un producto simple. Dos clicks, una pantalla y listo”

Lo mismo ocurre con “amigable” o “intuitivo”.

Es frecuente ver que, durante el proceso de diseño, por el afán de “simplificar” el producto, se eliminan componentes, se comprimen pasos, se prescinde de elementos, se evita dar contexto.

Al cursar ese camino, frecuentemente, se cercenan elementos que son necesarios para que los usuarios puedan comprender el flujo propuesto.

Más aún, las expectativas se ven alteradas al enfocarse en la forma del producto, más que en la función que debiera cumplir.

En lugar de buscar la “simpleza”, previniendo que se sumen elementos al producto, debemos primero buscar la efectividad y la eficiencia del usuario. Recién cuando hayamos logrado la máxima efectividad y eficiencia para nuestros usuarios, estamos habilitados a comenzar el camino de la simplificación:

  • Eliminando elementos redundantes
  • Reduciendo pasos innecesarios
  • Suprimiendo características sin valor

No es posible la simplificación sin haber validado que el usuario es capaz de resolver lo que busca resolver.

“La simplicidad es la complejidad resuelta.”

Constantin Brâncuși

No se alcanza la simplicidad evadiendo la complejidad, sino resolviéndola.

La complejidad que resolvemos es una medida del valor que aportamos a nuestros usuarios.

Un buen producto es aquel que hace simple lo complejo y no complejiza lo simple.

En definitiva, la complejidad es una oportunidad para aportar valor, no es buen negocio evitarla. La clave es resolverla.

El usuario es rey