Ministerio del Usuario
72. Todo proyecto es un éxito y es también un fracaso
En el universo de la gestión de proyectos, la percepción de éxito es absolutamente mutable.

Cuando los objetivos de un proyecto no son claros, visibles y conocidos: el éxito o el fracaso de cualquier proyecto no es un veredicto absoluto, sino una instantánea sujeta al momento específico de su evaluación.
En un contexto donde los objetivos no están cristalizados, lo que a menudo sucede, esta percepción es constante y amplificada en la visión de cada stakeholder.
Organizaciones (falsamente) astutas a menudo proclaman triunfos basándose en marcos temporales arbitrariamente seleccionados o en resultados relativos fácilmente manipulables.
Un proyecto puede parecer un éxito indiscutible en el corto plazo, solo para desmoronarse bajo el escrutinio de una lente más extendida en el tiempo. Esta transformación no es rara, sino una consecuencia de la falta de claridad en los objetivos a largo plazo.
Por otro lado, algunos proyectos etiquetados inicialmente como fracasos revelan con el tiempo efectos secundarios inesperadamente valiosos. Estos proyectos, a menudo desestimados o incluso olvidados, pueden germinar en beneficios indirectos, cultivando un valor que solo se reconoce a posteriori.
La clave para una evaluación justa y efectiva de cualquier proyecto radica en definir sus objetivos con claridad y precisión desde el inicio. Hacer visibles esos objetivos y su evolución. Sin un mapa claro, cualquier camino parece erróneo y cada destino, un accidente.
Al reflexionar sobre el éxito o fracaso de un proyecto, es esencial que las organizaciones establezcan y se adhieran a criterios bien definidos, resistiéndose a la tentación de manipular los plazos para maquillar resultados. Solo así podemos esperar que el verdadero valor de los proyectos sea reconocido, tanto en el presente como en el futuro.